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Herederos del Señor Conde de Espoz y Mina

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Se trata de la ganadería de Carriquiri, de la vacada un día famosa por el terror que dicen infundía á los lidiadores, de los toros navarros de poca alzada y escasa lámina, que, no obstante, si hemos de creer añejas crónicas, eran prodigios de bravura y poder. El origen de esta ganadería data del siglo XVIII. D. Francisco Javier Guendulain, avecindado en Tudela, adquirió unas vacas que un tal Lecumberri poseía en el Estado de Murillo de las Limas, márgenes del Ebro, cuyos pastos fuertes procuraron al ganado mucha bravura. Hechas las operaciones fundamentales para lograr reses de lidia aceptabies, el Sr. Guendulain corrió sus toros por primera vez en Madrid el 7 de Julio de 1794, dando la prueba un resultado favorable para la divisa verde que ostentaron los cornúpetos. Desde entonces aumentó su desvelo el dueño de la vacada y extremó el cuido y la selección. Unido en sociedad á D. Nazario Carriquiri, éste, gran aficionado é inteligente criador, logró en unión de su compañero que se hiciera famosa la ganaderia en toda España, corriéndose estos toros en casi todas las plazas, y obteniendo por doquier triunfos legítimos. Los carriquiris, pequeños y de pelo largo, extremadamente ágiles y fuertes, y con una bruvura impropia de sus al parecer escasas facultades, se distinguían notablemente en la suerte de varas, efectuando la pelea derribando á los piqueros al primer tremendo impulso. Las caídas que proporcionaban eran muy peligrosas, por no poder evitar ni prever el jinete las consecuencias de la feroz acometida, dada en un brevísimo espacio de tiempo y apenas puestos en suerte caballo y picador. Tenían gran propensión á derrotar alto y á saltar la barrera, no por instinto de fuga, sino como resultado de su extraordinaria ligereza y vivacidad, y esto proporcionaba más de un susto á los frecuentadores del callejón cada vez que se lidiaban los famosos toros navarros, Pero (por si no se han fijado nuestros lectores), advertimos que estamos hablando en pretérito. Todo éso eran los carriquiris; todo eso fueron; pero… hoy, ¿qué son?
Retrocedamos unos años para contestar debidamente á esta pregunta, y recordemos que en 1850 fué disuelta la sociedad Guendulain-Carriquiri, y fundada otra entre este último señor y el Conde de E-spoz y Mina, padre del último propietario; y recordemos también qué el Sr. Carriquiri, entendiendo necesario modificar elmtipo de la casta, proporcionándole más presencia y mayor alzada, y despojándola del aspecto cuasi de, ganado de cerda que presentaban muchos ejemplares, efectuó cruzamientos diversos con reses andaluzas de Picavea de Lesaca, obteniendo crías de corte más fino, más poder, más grandes y con la bravura legendaria de la vacada. Con divisa encarnada y verde y nuevo hierro comenzaron á lidiarse estas reses con excelente resultado, y hasta el año 1883, en que se quedó solo con la propiedad el recientemente fallecido Conde de Espoz y Mina, nada dejó que desear el ganado en cuantas plazas fué corrido. Asi transcurrieron algunos años más, iniciándose la decadencia de la casta desde que el anterior señor heredó la vacada. Falta de celo ó de afición, ó quizás ambas circunstancias, han dado por resultado que la ganadería de cuyas dehesas salieron toros tan célebres como Famoso, Elefante, Lobito, Lancero, Provinciano, Sereno y Llavero, lidiado este último en Zaragoza el 14 de Octubre de 1860 y que sin volver la cara tomó ¡53 puyazos!, obteniendo perdón de la vida por su bravura; esa ganadería, decimos, no es hoy más que un levísimo vestigio del pasado, una ruina que se sostiene en pie milagrosamente, pero que el soplo de cualquier imprevisto huracán la derribará á tierra fatalmente. No cabe ya reconstitución posible en aquella vacada. Sólo gastando mucho tiempo y dinero podrían reverdecerse laureles antiguos, pero al Sr. Conde de Espoz y Mina le obsesionaban otras ideas, y no se ocupó de adquirir un sólido prestigio ni un gran renombre como criador de reses bravas. Hoy, los famosos Carriquiris están proscriptos de todas las plazas importantes de España, y en Madrid no se juegan desde las fiestas reales de la Coronación de S. M. D. Alfonso XIII, en cuya fecha por sus pésimas condiciones de lidia, impuso la afición soberana el destierro para siempre de este circo, de los toros citados. La divisa, según hemos dicho, es encarnada y verde, y el hierro consiste en dos C enlazadas y contrapuestas.

TOROS DE LIDIA
Breve apunte histórico y descriptivo de las ganaderías bravas de España, PortugaL y América RECOPILADOS Y ORDENADOS POR DON SAMUEL TENA LACEN.MADRID 1907.

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