18 mayo 2021

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San Isidro de 2018: HECHIZO Nº123 DE FUENTE YMBRO

En San Isidro de 2018, salió uno de esos toros con cara de toro, con aires de toro, con hechuras de toro, con comportamiento de toro. De esos que imponen miedo y respeto desde que hace acto de presencia en los corrales al desembarcar.

Así se consolidaba Fuente Ymbro entre los aficionados, aquello ya era distinto al molde del monoencaste, rompiendo tópicos y prejuicios, alejándose de la vulgaridad de venderse por contratos y predilección en los despachos y ser la viva imagen del animalito que va en contra del carácter indómito del verdadero toro de lidia.

Como sacado de pinturas rupestres, con cara de hombre, hecho cuesta arriba, un retroceso al arcaico Tamarón, padre y base del encaste Domecq, con esa hondura y esas hechuras bastas y robustas y un esqueleto prominente. Imponente y serio al máximo exponente.

Era un toro encastado de Fuente Ymbro, como los que últimamente ha decidido seleccionar Ricardo Gallardo y que tanto nos gustan a los aficionados.

Exigente, demandando los medios y el poder lidiador, arrancándose codicioso desde muy lejos y repitiendo en cada embestida con su punto de fiereza y salvajismo.

Román estuvo más que digno con un toro con el que cualquier otro habría pasado un calvario.

El encaste no es el problema. Lo es la selección. Y qué fácil es amar la Tauromaquia cuando damos con los huesos de un toro de casta en una plaza.

Larga vida.

Foto Victor Luengo – Blog elbelloartedeltoreo

Vía:Tauromaquia Torista

 

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