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Tal día como hoy en 1947, Manolete hace su último paseíllo en Madrid

 

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El Monstruo de Córdoba hacía el paseíllo en Las Ventas para la Corrida de Beneficencia del año 1947, y lo hizo sin cobrar. Nadie podía imaginarse  que ese 16 de julio sería la última tarde de Manolete en Madrid.  Fue una corrida de toros presidida por el Jefe del Estado, Francisco Franco, con la plaza a rebosar, un lleno de ‘no hay billetes’ con aficionados sentados en cada resquicio del cemento, ni un hueco libre para ver al ídolo de masas en la plaza más importante del mundo. Manuel Rodríguez Sánchez no pasaba por su mejor momento personal, hablan de tener decidida su retirada a finales de esa misma temporada, pero el destino quiso que se encontrara en el camino con la herida mortal que le produjo Islero. El cartel de relumbrón estaba compuesto por Rafael Vega de los Reyes “Gitanillo de Triana, el torero gitano del barrio de Triana, compañero también en el fatídico cartel de Linares, y un joven sevillano de la Macarena que venía empujando muy fuerte desde su alternativa en La Monumental de Barcelona en 1944, su nombre pasó a la historia del toreo como uno de los mejores de su época, José Martín-Vázquez Bazán, más conocido como Pepín Martín Vázquez. Para la terna, seis toros de la afamada ganadería de Fermín Bohórquez. Manolete no tuvo suerte con el primero de su lote, era muy bravo pero fue devuelto por  cojo y como sobrero saltó un ejemplar del hierro de don Vicente Charro al que le pudo hacer una vibrante faena por el pitón izquierdo. Cuentan las crónicas que, de no haber pinchado en tres ocasiones, podía haber obtenido un trofeo mayor que la vuelta al ruedo. Manolete seguía bordando el toreo al natural, con un temple innato y una personalidad arrebatadora.  Terminada la lidia del tercer toro, los tres matadores fueron requeridos en el palco para tomar una copa de vino con el Jefe del Estado, curiosidades de otro tiempo. El segundo del lote del cordobés fue el toro Babilonio, de la ganadería de Fermín Bohórquez, con 492 kilos de peso. Manolete realizó una faena de menos a más, llegando a ser corneado en la pierna izquierda durante el trasteo. Poco importó al valiente torero la herida producida por el pitón del astado, porque siguió en el ruedo con una tranquilidad pasmosa hasta meter la espada para acabar con la vida del toro. El maestro de la crítica Gregorio Corrochano lo narró de esta manera: “Manolete hizo un gesto de dolor casi imperceptible, encogiendo un poco la pierna izquierda. La primera sensación en el tendido era que lo había pisado. Siguió toreando con la derecha y con la izquierda en una faena de mucho aguante, única manera de torear al toro incierto. Se notaba que el torero perdía facultades que suplía con coraje y afán. Un hilo de sangre, rayando fuertemente de rojo la media rosa, nos describió que estaba herido y nos explicó el porqué de aquel empeño cerrado, cada vez más cerrado, del torero con el toro. No sólo toreaba, quería terminar la faena y matar al toro antes de que la pérdida de sangre le inutilizase la pierna. El gesto era magnífico; solo en medio del ruedo, con el toro sin dejar que nadie se acercara en su auxilio. Entró a matar con ansia…” Nada más ejecutar la estocada, los monosabios se los llevaron en volandas hacia la enfermería de la plaza. Cortó las dos orejas y uno de sus banderilleros de confianza, Antonio Labrador “Pinturasse las llevó a la enfermería para que la cornada doliera menos. Manolete supo corresponder con su sangre a las miles de personas que se habían acercado hasta Las Ventas para volver a ver a su ídolo. Por eso fue un torero que pasó a la historia, no sólo por su peculiar manera de torear y de quedarse quieto como ninguno hasta el momento, sino por ser capaz de recompensar, de no defraudar, aunque fuera a costa de una cornada.

De aquel festejo, salió relanzado el torero de la Resolana, Pepín Martín Vázquez, rival de Luis Miguel Dominguín en los ruedos por el cetro del toreo en aquella época. Y Manolete, acompañado siempre de su inseparable cuadrilla; sus picadores Ramón Atienza y Luis Vallejo “El Pimpi” y sus tres subalternos Antonio Labrador “Pinturas”, su primo Rafael Saco “Cantimplas” y Bernardo Muñoz “Carnicerito de Málaga” que acompañaron al diestro hasta el fin de sus días. Aquel inolvidable 28 de agosto de 1947 en Linares. El hermano menor de Curro Puya abrió cartel con la de Miura en la plaza jienense. A su hermano, lo corneó Fandanguero asestándoletres heridas mortales que le produjeron una agonía de setenta y cinco días postrado en una cama. El toreo es gloria, pero también tragedia y a este torero le tocó vivir la cara más dura de ellas.

Las cuatro Puertas Grandes de Manolete en Las Ventas han pasado a la historia como grandes tardes de toros.  El ‘IV Califa del Toreo’, el torero que sólo colocó un par de banderillas en toda su trayectoria artística, se despidió de Madrid cortando las dos orejas a Babilonio de Fermín Bohórquez, orejas que recibió en la camilla. Sería la última puerta por la que cruzó el cordobés antes de encontrar la muerte en una plaza de toros. Fue el sino de un matador de toros que falleció con el respeto íntegro de su profesión, el que da el entregar la vida en el ruedo.

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