La lluvia no cesaba. Desde el primer clarín hasta el último pañuelo, Manizales fue un diluvio. Ni un solo respiro. Un ruedo convertido en trinchera, un tendido inmóvil bajo plásticos y paraguas, y tres hombres vistiéndose de luces sabiendo que lo que venía no era una tarde de toros: era una prueba de carácter. Y […]
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