La Delegación del Gobierno de la Junta en Sevilla nos ha hecho caso. Habíamos advertido que era necesario reducir el número de equipos presidenciales en Sevilla y lo ha hecho. En 2026 serán 3 equipos. Para ello han debido eliminar a uno de ellos. Pero han errado el tiro. Han quitado del palco a Fernando Fernández-Figueroa de forma injusta y arbitraria. No era el presidente digno de ser cesado, porque la solución podía haber sido otra diferente. En su tarea durante 15 años, como es lógico, ha habido algunos errores, pero también muchos aciertos. El delegado Ricardo Sánchez, mal aconsejado, ha bajado del palco a quien lo representaba con mayor ecuanimidad e independencia.
A Fernández-Figueroa no le ha servido para seguir su trabajo intensivo en la elaboración del Reglamento Taurino de Andalucía, vigente desde la pasada temporada. Fue vital su aportación para sacar adelante el articulado. No es que este Reglamento haya venido a solucionar muchos problemas, pero ha sido un intento para solucionar algunos problemas. Entre otras cosas, este Reglamento no arregló el asunto de la designación de presidentes en plazas de tercera y portátiles. Pero ahí está y buena parte de su salida a la luz pública fue por el denodado esfuerzo de Fernández-Figueroa.
El palco de Sevilla pierde equilibrio y justicia. La situación de la Fiesta en la plaza sevillana requería unos presidentes con criterio firme en temas tan delicados como el toro que se lidia, la concesión de trofeos y otros aspectos nada desdeñables. Es lo que algún compañero ha llamado la pérdida de identidad de la plaza, que necesitaba unas actuaciones presidenciales más rigurosas y exigentes. La marcha de Fernández-Figueroa no contribuye a que estos detalles fundamentales vayan a tener solución. Con su destitución pierde la plaza de toros y la afición de Sevilla.


