Tercera novillada de la temporada, Plaza de toros San Marcos poco más de media entrada, se lidiaron novillos de Campo Hermoso bien presentados, destacaron el segundo un buen novillo que recibió arrastre lento y el quinto que tuvo bravura y recorrido. Los demás débiles sin posibilidades de triunfo.
Emilio Ricaud: Al tercio y leves palmas
Jairo López: Dos orejas y oreja
Mario Vilau: Vuelta al ruedo y oreja
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“You can do it” traducido al español “Puedes hacerlo” era el grito de batalla que me acompañaba a cada tarde de toros hace más de veinticinco años, cuando mi grupo de amigas de la universidad lo lanzaban a coro para alentarme, para animarme a perder el miedo a hacer las entrevistas a los toreros al final de cada festejo, quizá a la fecha ellas no lo saben, pero para mí aquella frase era el punto de apoyo, mi invocación al valor, calzarme la armadura para la guerra, el llamado a lanzarme conseguir mis sueños.
Ahora que el tiempo ha pasado y las generaciones son otras, veo cambios en la juventud sí, pero hay algo que aún se conserva, el deseo enorme de querer ser, de anhelar con el alma entera inscribirse en la historia y hacer de la fiesta brava su eje y su sino.
Lo vi en la mirada, lo vi en su actitud, los novilleros que partieron plaza hoy en la San Marcos están dispuestos a gritar para sus adentros el “You can do it” como un himno de coraje, una auto declaración de poder, un cántico atrapasueños.
Jairo López se presentó en esta plaza con la convicción del triunfo en su mente y vaya que lo consiguió pues hoy dejó claro que quiere y que puede.
Lomeñito se llamó el segundo de la tarde, un castaño, cortito y bello ejemplar de Campo Hermoso al que Jairo López recibió con dos largas afaroladas de rodillas frente a toriles, luego ya de pie se volvía pronto buscando la pelea hasta ceñirse a su cuerpo cuando el novillero se echaba el capote a la espalda. En varas muy poco castigo y rápido se cambió el tercio.
López cubrió el tercio de banderillas con sobradas facultades, bien la ejecución y la colocación de los palos, la gente se lo reconoció y la diana en las alturas musicalizó el momento.
Rodillas sobre la arena inició su faena de muleta, el astado le embistió desde lejos y aprovechando el viaje se lo pasó en dos cambiados por la espalda, de pie tersos fueron los pases arrancando los primeros olés serios y característicos de esta plaza. Le planeó una faena sólida con la muleta en la diestra, el novillo repetía, uno por bajo y cerró la tanda rematando por alto, haciendo que la gente se fuera metiendo cada vez en los cantos de sus ilusiones. Vinieron muletazos finos, el cambio de muleta por delante y el desdén de magia pura, de esa que mueve corazones y destinos.
Probó por naturales, pero ahí no había respuestas positivas, regresó a la diestra y cerró otra tanda con larguísimo pase de pecho. Los trazos dibujados fueron finos, aprovechando el recorrido del novillo hasta conseguir pases en redondo, cambios de mano correctos, mostrándole el camino por dónde ir, para así hacerle cómplice de sus sueños. Acortó las distancias y lo hizo pasar a su derredor contagiando a los habitantes del tendido hidrocálido que supieron aquilatar su esfuerzo. El astado ya reculaba para ese entonces y terminó con luquesinas, mató de tres cuartos de acero certeros y de efectos rápidos, el astado de Campo Hermoso peleó hasta el final, vendiendo cara su muerte. El arrastre lento para el novillo y las dos orejas para el novillero.
Lunero fue el cuarto de la tarde también para Jairo López, otro bien presentado novillo de imponente cornamenta al que el joven tapatío recibió con largas de rodillas junto a las tablas. De pie pasó complicaciones al no acomodarse con el capote. El puyazo fue caído cumpliendo apenas con el trámite.
En banderillas nuevamente brilló llevándose las palmas, el joven tiene sentido del espectáculo y conecta fácil con la afición. En la muleta el novillo repetía brioso una y otra vez, Jairo comenzó con doblones serios, adueñándose de la escena, por derecha embestía poderoso, el cambiado por la espalda y el remate de pecho. El joven esta ocasión estuvo un tanto acelerado, sin dominar del todo el secreto del temple, quizá por ello no conectó del todo con la afición. Mató de entera trasera para que se le otorgara una oreja.
El español Mario Vilau regresó a la San Marcos decido a ser y a estar. Esta vez, aunque los novillos no le dejaron las cosas fáciles dejó en claro que está dispuesto a mancharse la taleguilla de sangre de tanto querer, querer, querer… e intentar hasta el último aliento.
Cotorron fue el tercero de la tarde, otro castaño bonito de presencia que buscó la pelea desde su salida. De rodillas Vilau lo veroniqueó, de pie las chicuelinas y tanto se volvía que le prendió de la pantorrilla, solo el susto. En el caballo breve puyazo en el que el astado empujó.
En el tercio final el español comenzó por doblones, pero la debilidad del astado se hizo presente. Por derecha era tardo en la embestida, se le quedaba a medio viaje y el joven insistía, lo tocaba, lo atraía, con cabeza y reposo sin perder la estoicidad. Por izquierda tratando de darle extensión a los muletazos, de zapatillas firmes, metiéndose a sus terrenos, arrimándose de verdad. Terminó por bernadinas muy ajustadas, mató de pinchazo arriba de efectos rápidos y la gente lo invitó a salir al tercio, aunque él se dio la vuelta.
Lumbrecito se llamó el sexto de la tarde, segundo del lote de Mario Vilau, otro bonito y bien presentado novillo, se salida briosa al que ofreció su capote por verónicas rodillas en tierra, de pie la revolera y la brionesa. En la breve vara, cumplió.
Ya con la muleta en la mano derecha se puso de rodillas, el novillo se arrancó de largo y consiguió Vilau una tanda por ese lado que le fue coreada, pero poco a poco el astado se fue quedando a media altura. El novillero con el deseo, el astado sin cumplírselo. Otra vez poniéndose en la línea del miedo, aguantando los amagos del astado y quedándose firme, sin aspavientos, poniéndose entre los pitones. Lo despidió con estocada entera contraria que fue suficiente para que doblara con rapidez, se le otorgó una oreja.
Lomito así se llamó el primero de la tarde para Emilio Ricaud, un astado bonito de presencia y de alegre salida, el hidrocálido lo recibió con largas de rodillas al hilo de las tablas, las verónicas y la media relajada. Con chicuelinas andantes lo llevó al piquero donde recibió breve vara. De ahí en adelante fue evidente su debilidad, así sucedió el segundo tercio con más muestras de que se vendría abajo. Los primeros trazos con la muleta fueron cambiados por la espalda, luego por bajo y por derecha, el novillo tenía recorrido pero poca fuerza. Por izquierda un tanto descompuesto en la embestida, regresó al camino de la diestra, pero sin meter la cara del todo a la muleta. El joven dispuesto, intentó otra vez por naturales, pero se le colaba feo, ahí hubo muchos pies. Al final manoletinas y estocada entera tendida para que la gente lo invitara al tercio.
El cuarto de la tarde se llamó Jefazo y despertó los aplausos desde su salida por su bella estampa, pero desde inicio no asistió a las capas ni a los burladeros. Primeros lances sin que sucediera nada para el apunte. En los caballos el piquero aguantó la vara y el astado empujó fuerte. De muleta la misma historia, un novillo que tardaba en las embestidas, el joven acortando los espacios uno que otro muletazo a base de dejarle la muleta en la cara. Por izquierda no había cante, sonaban más las campanas a misa de siete, pero ni la feligresía ni el astado asistieron al llamado. Ricaud le pisó los terrenos, insistió, se cruzó, pero no había continuidad en las embestidas, extendió sus deseos, pero la gente se lo reclamó, mal en el uso de las espadas hasta escuchar un aviso e irse entre leves palmas



