Crónica de Ana Delgado
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Aguascalientes. Sábado 30 de Agosto. Segunda corrida de La Vendimia, dentro del marco de la Feria de la Uva 2025. Plaza de toros San Marcos menos de media plaza. Se lidiaron astados de Arellano Hermanos, bien presentados, variados en tipo. Destacaron el 1ro, 3ro, 4to y 5to por su raza, bravura y poder, éstos recibieron arrastre lento. 2do complicado y 6to malo.
Fermín Rivera: Oreja y oreja
Francisco Martínez: Palmas y silencio
José María Hermosillo: Oreja y leves palmas
Detalles
Saludó en el tercio el subalterno Kevin García y escuchó palmas el piquero Eduardo Reyna.
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Prólogo
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Hoy las miradas estaban en el rey, hoy el Toro regresó a Aguascalientes. El monarca de las profecías, el que espera el buen aficionado. La bravura, la casta y la presencia se conjuntaron, todo estaba listo, puesto y presto para que los toreros se saciaran de bien torear, pero…
… el menú se quedó servido, se comió a medias.
Las bandejas con manjares apenas pellizcados, un poco de aquí, un poco de allá. El vino perdió sus aromas al dejarlo expuesto y sin beber.
Todo un manjar del cielo, el rey se ofreció en sacrificio, pero los súbditos, los hambrientos, los aficionados se quedaron sin comer ni beber, sin paladear una verdadera conexión. El creyente se quedó esperando como siempre, sin comunión ni expiación.
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El Festejo
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Fermín Rivera regresó a Aguascalientes y por momentos nos recordó cuánto habíamos extrañado su toreo fino y elegante, Luis Rey se llamó el primero de la tarde un astado bien presentado atento a cualquier movimiento y sonido, al que le ofreció la capa por verónicas suaves en los tercios rematando con media de suspiro.
Al piquero el toro embistió con fuerza y en la muleta metía bonito la cabeza, Rivera se lo pasó por bajo, luego con suaves toques y remates de pecho lo situó en los medios, llegaron los derechazos que retumbaron los cimientos de la sanmarqueña, siguió por ese lado, aunque al toro le faltaba un puntito de fuerza.
Probó por el izquierdo, pero tardaba en embestir y ahí decreció la emoción. Regresó a la senda derechista y ligó varios muletazos con sabor a uva dulce, remató rodilla en tierra y pasándoselo por alto.
Terminó por manoletinas y detalles finos. La espada se le fue atrás y la gente solicitó una oreja. Para el toro el reconocimiento de las palmas en el arrastre.
Piñon se llamó el cuarto de la tarde para Fermín Rivera, un castaño, alto que saltó buscando pelea, Rivera veroniqueó con belleza y cerró con revolera. El toro tenía brío y atención, en varas empujó con fuerza y se escucharon las palmas para el piquero.
Luego en cuanto Rivera le citó a su percal éste asistió a su encuentro y el torero lo quitó por chicuelinas y revoleras. El de Arellano Hermanos no perdía nada de vista, movimientos, banderilleros, al acecho del ir y venir.
Para cuando Rivera tomó la tela roja se escuchaba en el tendido: ¡Venga Fermín! como una plegaria, como una invocación para que llegase la sagrada comunión, que se fue transfigurando por doblones toreros, el molinete y el muletazo de pecho, lo tenía todo: el ánimo, el estilo, y una joya de embestida.
Tomó la tela por derecha, tratando de hacerlo pasar, pero tardó en bajarle las revoluciones, por izquierda tampoco fue invitado el sometimiento, así que la ansiada conjunción se esfumó cual incienso. Haciendo un examen de conciencia no puedo omitir que su muleta no encontró la fórmula para domeñarle.
Se fue por la espada para dejar estocada entera y trasera, la gente en busca de su redención solicitó una oreja que le fue concedida, para unos menos adoctrinados les supo a miel y para los creyentes del dogma taurómaco les pasaron la hiel por los labios. Los aplausos para los restos del toro en el arrastre.
El Ausente se llamó el segundo de la tarde, primero de Francisco Martínez, otro bonito astado al que Martínez lo recibió con dos largas afaroladas de rodillas pegado a tablas. Posteriormente se fue a la querencia natural y recibió breve puyazo del que salió huyendo, luego en la contra querencia empujó fuerte.
Tomó su turno al quite José María Hermosillo quien creó bellas tafalleras, chicuelinas antiguas y revolera. Martínez replicó por gaoneras y para continuar con la atención del público decidió colocar banderillas y vaya susto que se llevó al gallear y querer dejar los palos por dentro pues le ganó la carrera y hubo que saltar al callejón con dificultades, se repuso y salió a dejar un cuarteo por derecho, un intento de par al violín y otro par en alto por derecha para escuchar palmas.
Con la muleta comenzó pegado a tablas por doblones, sacándolo de ese terreno, luego ya en los medios quiso bajarle la mano, no encontró respuestas firmes, lo intentó por ambos lados, sin lograr imponerse. El toro se vino a menos. Extendió en demasía su faena y dejó estocada muy trasera y caída para retirarse entre palmas.
Vuelta al Sol decía el cartelillo del quinto de la tarde un precioso ejemplar también para Francisco Martínez quien se enfrentó a una dura penitencia, el toro tuvo una salida de frente, brioso, peleando en burladeros y dejando su señal en el madero.
Embestidas francas que hacían sonreír a la feligresía, lances y media por parte del torero, pero la realidad es que toda la atención estaba en el rey entregado al ritual, ellos en el ruedo lo sabían, nosotros en el tendido lo agradecíamos.
Vuelta al Sol empujó poderoso a la puya, donde el piquero se recargó hasta hacerle mucha sangre y llevándose las cañas por parte del pueblo.
Martínez cubrió nuevamente el tercio de banderillas, el toro atento a cada movimiento. Quiso dejar el par de dentro hacia afuera, pero otra vez se vio en apuros, por poco le prende, le apretó fuerte y de milagro logró resguardarse en el burladero luego de pegar una carrera. Después dejó un par cuarteando por derecha y uno más al violín haciéndose ovacionar.
En el último tercio se fue a los medios y de ahí citó al astado que se arrancó de largo y el torero consiguió pasárselo en cambiado por la espalda. Esa fuerza, es embestida no hacían otra cosa más que llenar a la afición de esperanza, tal vez iban a comulgar con la triada: toro, torero y la invisible conexión, pero no.
Martínez no fue el elegido, por más que puso valor no llegó a la sublime bendición de lidiar, puesto que no todo debe ser temple y suavidad, no con estos toros de raza que requieren de poder, mando y eso: Lidia.
Al final múltiples pinchazos para irse en silencio, para el toro las palmas en el arrastre.
Nos Casamos se llamó el tercero de la tarde, primero del lote de José María Hermosillo y se llevó las palmas desde su salida por su bella presencia. Buscó las capas y los burladeros, pronto Hermosillo lo fijó en su capote y desde ahí se notó que el toro tenía ese picor de los toros encastados. Iba por ambos lados, pero había que estar muy firme con él. En varas asistió dos veces y cumplió. En banderillas destacó Kevin García que saludó en el tercio.
Por bajo, Hermosillo lo sacó a los medios, la embestida no fue fácil y el torero se lo pasó por derecha en un inicio sin acoplarse. El astado remataba por los cielos y había que poderle, seguro que para el torero las piezas del rompecabezas se movían en su mente para tratar de resolver la situación.
Cuando lo vio un poco más claro fue en una tanda por derecha en la que se puso firme, más templado, más poderos, fijando las zapatillas a la arena, el cambio torero por delante y el remate por bajo de hermosura que hizo gritar el olé, el Alá.
Por naturales el astado seguía embistiendo constante, Hermosillo trató de acomodarse, midiendo lo justo con sus distancias y sus trastos, pero aquella emoción nunca volvió, continuó por derecha lo cambió de terrenos, pero ese único llamamiento a Abbá se desvaneció. Mató de estocada entera y caída, hubo petición que fue concedida. Palmas al toro en el arrastre.
Juanito el sexto de la tarde para José María Hermosillo, tanto en presencia como en comportamiento, parecía que veíamos el retorno a la realidad, nos regresaron del ensueño, el anochecer nos volvió a la memoria de los toros que salen sueltos, que se escupen en el piquero, que se paran pronto, que no aportan mucho, de los comunes, de los de siempre.
Hermosillo fue sin ser, estuvo en la labor del sexto, pero sin el espíritu de arte que le caracteriza y es que no se podía. Con la capa algunos lances y el remate soltando la punta del capote muy torero.
De muleta rebrincaba, se lo llevó a los medios sin éxito en sus intentos. Terminó con muletazos por la cara y a otra cosa, dejó tres cuartos de acero caídos y mató al segundo golpe de descabello, escuchó leves palmas.
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Galería
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