Cuarta novillada de la temporada, Plaza de toros San Marcos más de media entrada. Se lidió un encierro de Santillán, muy bien presentado pero falto de fuerza. Solo destacó por su nobleza el sexto de la tarde que recibió arrastre lento un tanto de más.
Daniel Prieto: Silencio y dos orejas con protestas
Pedro Andrés: Leves palmas y palmas
Isaías López: Al tercio y vuelta al ruedo.
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Juanita, mi catequista me enseñó los mandamientos. En clase todos los niños y las niñas repetíamos uno a uno a coro desentonado, sin razonar del todo lo que significaban. Había uno, el octavo que esta tarde me pareció escucharlo y esas voces infantiles sonaron en mi mente fuerte y claro.
El “No mentirás” se hizo presente hoy en la San Marcos, y es que la obsesión del juez de plaza César Pastor en hacer creer lo que no es ya se convirtió en un pecado impenitente. Sí, el afán de premiar faenas sin trascendencia lleva a la nueva afición por el camino amarillo, en búsqueda de un Oz que no es lo que ellos creen.
No se demerita el esfuerzo del joven coleta Daniel Moreno, porque finalmente fue la autoridad quien decidió otorgarle las dos orejas, pero que no le crea a pie juntillas a los habitantes del palco, ni a los gritos aturdidores, ya que en el fondo él lo sabe y el octavo mandato también aplica para los adentros. Moreno no requiere de dádivas sino creer y trabajar en sí mismo.
Vayamos a lo acontecido. Gitano, se llamó el primero de la tarde para Daniel Moreno un bien presentado novillo de la ganadería de Santillán. Moreno lo recibió con larga de rodillas, el astado era atento y se volvía pronto luego algunos lances y remates con revolera aun sin hacerse mucho de la embestida. En varas apenas cumplió y la debilidad comenzó a notársele.
Daniel Moreno puso banderillas con efectividad haciéndose aplaudir, de muleta comenzó por bajo en los tercios, de ahí se lo llevó al centro del ruedo para pasárselo por derecha a media altura y rematar por alto, sin ajustarse del todo con la embestida por ende sin conectar con la afición. El novillo no le puso las condiciones fáciles y el novillero sin la estructura para el dominio. Quiso probar por ambos lados, pero el astado estaba pendiente de su cuerpo, Moreno puso precauciones. Mató de entera caída para irse en silencio.
El de las dos orejas fue el cuarto de la tarde, El Moro llevó por nombre al que el novillero recibió con largas de rodillas frente a toriles y de pie una serie de medias verónicas un tanto aceleradas. En varas el astado provocó un tumbo y apenas poca vara. El torero de Aguascalientes compartió banderillas con su cuadrilla y fueron aplaudidos. En el tercio final Moreno se lo paso con cambiados por la espalda y remates por alto, el astado tardaba en embestir y tuvo que cruzársele consiguió así una buena tanda por derecha para rematarla con pase de pecho que pareció encender los calderos, pero la debilidad fue constante, lo mismo por izquierdo ya muy parado el novillo, el torero queriéndole pasar a media altura, pero eso fue un aquí y allá sin que se concretara una sólida labor. Más emocionado el coleta con gritos de ferocidad al tendido, mucho gesto asombra nuevos. Alargó en demasía la labor, el astado terminó punteando, una que otro muletazo por arriba, al final manoletinas y luego a ponerse de rodillas trasmitiendo más desesperación que emoción. Mató de estocada entera y caída de efectos rápidos, la gente solicitó la oreja que hubiese sido más que suficiente, pero no, había que encender las máquinas de fuego y humo y a dar la segunda. En fin…
Sr Juez: Muchos hemos visto ya detrás de la cortina.
Recuerde que infringir el octavo enunciado de las tablas de la ley es una ofensa a la justicia.
Y a Juanita, mi catequista, no le hubiese gustado.
Para el joven coleta fueron las dos orejas, se escucharon las protestas pero pronto el suave y agradecido público siguió aplaudiendo.
El personaje de la tarde fue el joven hidocálido Isaías López que hacía su presentación con caballos y vaya que dejó un dulce sabor a miel en los labios de propios y extraños. El joven posee naturalidad e intuición cualidades que mostró sobre todo en el sexto de la tarde, un novillo de nombre Gondolero bonito y bien presentado al que Isaías saludó con larga de rodillas junto a tablas, llegó una larga afarolada y el astado levantaba las extremidades delanteras. Posteriormente se lo llevó a los medios con buena brega y media con algunas complicaciones. Incierto en la embestida era el de Santillán. En los caballos el piquero le aguantó la vara y el astado cumplió. Vinieron las chicuelinas antiguas hasta en tres ocasiones y el remate con media verónica, el novillo ya mostraba debilidad.
Con la muleta en la mano se lo pasó con un farol de rodillas aguantando la embestida de largo, luego a media altura, pero se desdibujaba por la falta de fuerza, a pesar de ello y de su novatez al joven se le notan las buenas maneras y el saber estar, puesto que estaba siempre metido al cien en lo suyo, dando instrucciones a la cuadrilla y frente al novillo hasta pareció que le hablaba. Metido en su labor hasta conseguir cruzarse, bajarle la mano, cargar la suerte, aguantar y rematar.
Por izquierda valga la redundancia con naturalidad, con temple, por bajo, los cambios por delante y la intuición torera. Le daba sus tiempos, los espacios necesarios, la espera para luego embarcarlo en su muleta y terminar con esos remates por bajo y el trincherazo de magia. Las notas de la pelea de gallos en el tendido, el joven midiendo, cambiándole los terrenos hasta conseguir largos muletazos y el desdén con la mirada posada en la afición.
Al final doblándose con él toreramente haciendo que las campanas para el catecismo sonaran fuertes, porque ya es hora de aprender los rezos para pedir que el camino hacia la verdad tenga aún una esperanza.
Su manejo de la espada no fue correcto, entera caída y varios pinchazos hasta perder la posibilidad de cortar la oreja, la gente lo ovacionó fuerte y terminó por solicitarle una vuelta al ruedo. Para el novillo un generoso arrastre lento.
Con su primero, tercero de la tarde de nombre Coqueto más cortito que sus hermanos, también le presentó complicaciones desde inicio al no quedarse en sus telas. El piquero aguantó la vara hasta que se provocó el tumbo. Con farol de pie recibió Isaías López al novillo, sacándole de las tablas. Luego con la muleta pasándoselo por derecha, el astado siempre fue con la cara arriba, el joven esta primera vez no tuvo la suerte de su lado, pero si detalles que sorprenden dado su poco rodaje. Mató de pinchazo arriba y tres cuartos de acero. Al final escuchó palmas.
El español Pedro Andrés se le notan las buenas maneras, desde el andar, desde el tomar los trastos, pero esta tarde le correspondieron dos astados débiles y sin opciones de triunfo.
El segundo de la tarde Serenato de nombre, un astado también muy bien presentado, pero con el común denominador de todo el encierro: la falta de fuerza.
Con este el joven español quitó por verónicas muy lentas, con sabor, en varas la debilidad otra vez. En el último tercio se lo pasó por bajo doblándose con poder, luego pases por alto correctos, por derecha se le colaba, levantaba la cara y el joven lo remataba por bajo evidenciando sus cualidades.
Por naturales el astado reculaba, pero lo hizo pasar, el español tiene escuela y es un prospecto interesante. Siguió probando por ambos lados, pero ahí ya no había cuento que contar. Mal con las espadas y las palmas.
Con su segundo de nombre Xalpito también muy bien presentado, pero desde salida haciendo caso omiso de capotes y tablas. Luego que se hizo de él y quitó por verónicas, aleluyas en olé salieron de la boca de muchos, pero, ¿Y los otros? ¡Ay los otros en lo suyo y en la fiesta de la impericia!
Que no es su culpa, si no nuestra, de los medios, de los profesionales, de las empresas.
¡Culturizar para saber apreciar!
En fin, en el ruedo seguía la debilidad y apenitas la puya señalada. El español con el bien llevar el capote de tanteo, verónica lenta y la media torera.
Asido de las tablas comenzó su labor con la muleta, por alto de tablas a medios, leves muletazos y a la arena el novillo, Pedro Andrés pedía calma. Por derecha se cruzó, logrando algunos muletazos y remate por alto. El astado rebrincaba y no le permitió mucho, apenas dos o tres pases aislados, pues no había ni cómo ligarle. Por izquierda esforzado, pero sin más, mató de pinchazo arriba y estocada trasera y caída para irse entre palmas.
Así terminó un festejo más en la centenaria Sanmarqueña, que seguro está deseosa de ver surgir más promesas en su ruedo. Dígales señora que sus años y su solera merecen más que trucos, que usted es y vale. Dígales que desea cumplir el sueño de muchos que es volver albergar a una afición inteligente, amante y valiente.



