Déjenme llorar
Allí, en el glorioso centro del ruedo de Las Ventas, dijo adiós. Derramaban lágrimas unos tendidos repletos de almas incrédulas. Se iba inesperadamente un torero. ¡Y qué torero! El que simboliza la máxima revelación de la tauromaquia de todos los tiempos. Quien ha hecho de la lidia un distintivo del arte de torear. Una expresión tan diferente que lo identifica y singulariza. Quien ha alcanzado tal categoría que todo lo que hizo derivó en la emoción. Ha sido capaz de hacer de su vida un arte sublime. Un ser especial que se ha hecho necesario. Es necesario. Un ser que…



