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Antonio Bienvenida,Hermano y devoto del Gran Poder: “Mi padre nos enseñó el toreo y mi madre, la fe”

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Cuando la familia emigró desde la ciudad del Guadalquivir a la capital de España, doña Carmen sólo pidió una cosa al Papa Negro: una imagen del Cristo para rezar en las tardes de toros

Archivo | GIB

El Cristo del Gran Poder siempre ha sido una referencia para el mundo del toro. Un ídolo al que pedir, al que agradecer, al que venerar. Su expresión, de sobriedad frente al sufrimiento, es inspiradora para los toreros y las personas de su entorno. Cuántas veces se han refugiado en ese gesto de dolor sin dejar de caminar hacia delante.

 

Hay una famosa réplica del Gran Poder que desde mediados de los años 70 está ubicada en la capilla de la plaza de toros de Las Ventas. Se trata de una talla encargada por Manuel Mejías Rapela al escultor sevillano Rafael Lafarque. La trágica muerte de Rafaelito, el tercero de los hijos del Papa Negro en 1933, provocó una gran tristeza en su madre, Carmen Jiménez. Juntos deciden que lo mejor es poner tierra de por medio y trasladarse junto a los otros seis hijos a Madrid con la única condición impuesta por Carmen a su marido: una réplica del Gran Poder para poder rezar durante las largas tardes en las que toreaban sus hijos.

La casa de Príncipe de Vergara 3, General Mola después, se convirtió en una referencia para la afición de Madrid como fuente de torería. La capilla de la casa estaba presidida por ‘El que todo lo puede’, como se referían a él los Bienvenida. Cada tarde que toreaban en Las Ventas pasaban tanto para despedirse sin saber si iban a volver como para dar las gracias. Un ritual incondicional. Durante la corrida, Carmen rezaba con su hija Carmen Pilar y sus nueras María Luisa (mi abuela) o Concha (mujer de Juan). Toda la tarde esperando la mejor noticia: “Sin novedad”. Los éxitos o los fracasos era lo que menos les importaba, esperando que superaran sin percance el juego constante con la muerte que es el toreo. Antonio Bienvenida también fue Hermano del Gran Poder siguiendo la devoción inculcada: “Mi padre nos enseñó el toreo y mi madre, la fe”, aseguró públicamente.

Antes, al estallar la Guerra Civil, el Papa Negro protegió la escultura enterrándola en el patio donde solían torear de salón. Aquel jardín donde los niños aprendían todas las suertes del toreo. Permaneció tres años bajo tierra evitando que fuera profanada por los milicianos que en más de una ocasión saquearon la casa familiar. En 1976 la familia, con Ángel Luis Bienvenida a la cabeza, cedió la barroca copia del Nazareno a la capilla de la plaza de toros de Las Ventas que durante tantos años ha visto pasar a cientos de toreros pidiendo fortuna. En 2019 el Centro de Asuntos Taurinos de la Comunidad de Madrid decidió restaurarla a petición de la familia, avisada por el torero de plata Jorge Fuentes. El paso del tiempo había deteriorado la policromía de la madera -totalmente oscurecida-, el tejido textil de la túnica y algunos miembros como dedos o espinas de la corona que se habían despedazado. El trabajo de Marta Zaragoza, Helena Ruano y Leonor Uriarte, las restauradoras, fue fantástico logrando un resultado magnífico.

 

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