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El trapío

 

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En aras de respetar siempre el original, no se corrige la ortografía o puntuación del artículo, siendo todo, como el texto, única responsabilidad de su autor.

Trapio es la palabra que por antonomasia define el porte de un toro bravo. El Trapio es un término que en lo taurino se utiliza para expresar el fenotipo animal. Este último es la manifestación externa del conjunto de caracteres hereditarios controlados por genes e influenciados por factores ambientales.También se considera el fenotipo como el conjunto de características presentes en el genotipo, que a la común observación son   visibles y apreciables.

Por otra parte, el genotipo es el conjunto de los genes existentes en cada uno de los núcleos celulares de los individuos pertenecientes a una especie o familia, responsables, influenciados por las condiciones ambientales, de determinar el aspecto morfológico y funcional del individuo.

Vamos a pasearnos por la postura y expresión de algunos catedráticos sobre la conceptuación del trapío:

Hace referencia a “planta y gallardía” y sería equivalente al prototipo racial (Profesor Carlos Sañudo, Universidad de Zaragoza).

En sentido parecido, se define trapío como “aspecto de vigorosa gallardía que permite suponer la pujanza de un toro” (Profesor Vega y Vega, Universidad de Córdoba).

El trapío no es sinónimo de fenotipo (lo que se puede apreciar del genotipo), sino que es la forma ideal o modélica del conjunto de caracteres étnicos o raciales (plásticos, fanerópticos)  propios de la raza de lidia cuando se dan en plenitud; sería el  tipo racial en   terminología americana (Profesor Aparicio Macarro, Universidad de Córdoba).

El tipo zootécnico representa el patrón racial de la raza: conjunto de características morfológicas que debe poseer un toro bravo, mientras que el trapío es la expresión más o menos manifiesta del tipo zootécnico o del patrón racial, variable según el origen o encaste (Profesor Fuentes García, Universidad de Murcia).

Trapío como concierto entre morfología y “buen aire” en el manejo   del cuerpo y tipo zootécnico como conjunto de características morfológicas, fisiológicas y constitucionales que configuren a un individuo (Profesor Thos Ruhi, Universidad Complutense de Madrid).

Dentro de los factores ambientales que influyen en la construcción del trapio se pueden considerar la temperatura, la altitud, suelos, vegetación y precipitación, variables que además de una u otra manera influyen a su vez sobre la alimentación.

Son variables de especial importancia el manejo, la alimentación y la genética, que a través del oficio de los ganaderos, son determinantes directos en el trapio.

La cría y manejo del ganado bravo lleva consigo  selecciones funcionales, genealógicas y morfológicas; que conducen a obtener un producto acorde con la línea de funcionalidad escogida por el criador, y que atiende la reglamentación existente para garantizar la inscripción y registros de animales capaces de cumplir con los estándares de pureza establecidos para la raza.

Es consideración aceptada en el medio de la fiesta brava que en la selección de los sementales, el trapio ha tenido un importante peso específico. Es decir que en la crianza propia de las ganaderías de lidia ha existido dentro de sus guías el trapio de los sementales.

El trapio debe expresar armónicamente el prototipo racial del bovino de lidia en su morfotipo y caracteres por regiones anatómicas (cabeza, cuello, tronco, extremidades y aplomos, piel, pelo, mucosas y capas) y la actitud debe reflejar su aptitud para la lidia, por sus posturas, movimientos, arrancadas y embestidas.

Condiciones importantes a la hora de valorar el trapío de un toro son la edad, el peso, el estado sanitario, la buena constitución morfológica (constitución esquelética, desarrollo muscular, la capa, las defensas, el sexo) y el psiquismo.

La edad debe ser considerada como la definitoria básica del trapio del toro, con la consecuente acción de su componente endocrino influyendo sobre su crecimiento, desarrollo del aparato locomotor esquelético y muscular, funcionalidad de las gónadas y comportamiento o psiquismo. Hace a la “hechura” al tener un ejemplar “cuajado”. Es así como la edad define su presencia, estampa, aspecto y proporciones externas. También en lo relativo a su forma de asumir el estado de alerta y  de acometividad.

Hay una expresión que se me antoja muy feliz, donde se puntualiza, “la edad tiene su expresión plástica en el trapio”, y es que el aspecto general o de conjunto del animal señala si nos hallamos frente a un semoviente adulto o joven.

El peso impone, en la imagen del animal, y es importante a la hora de establecer su trapio, no obstante se debe recordar que en la conceptuación se colocó lo referente a la armonía en la presentación de los diferentes componentes que lo definen. Es el caso que un animal con poco o mucho peso para su caja corporal no estaría dentro de los cánones de un toro con trapio. Se citan casos donde  toros terciados, ni grandes ni chicos, tienen más trapio que otros mas desarrollados físicamente. El terciado con trapio es conocido como cortejano. El trapio puede cubrir las deficiencias en el peso, no así en sentido contrario, que el peso cubra las deficiencias de trapio.

Con motivo de la Feria de San Isidro de 1986, Joaquín Vidal escribió una crónica, en el diario El País, de España, titulada el toro bravo es de Victorino, y en ella se podía leer, “Fue un toro pequeño, incluso recogido de pitones; lo que son las cosas. Fue lo que los clásicos llamaban un toro cortejano, y su trapío era indiscutible. Enjundiosas consideraciones sobre el trapío de los toros podría hacer la ciencia si ayer hubiesen estado los sabios en las gradas de Las Ventas. Por ejemplo, ese quinto toro y el primero eran terciaditos y, sin embargo, no tenían menos trapío que los grandullones. Por ejemplo, al cuarto, que rebasaba la media tonelada, lo protestaron por su escasa presencia”.

La integridad de las astas del toro es exigible como condición indispensable para ser declarado con trapio y apto para la lidia. Ya que el afeitado, que consiste en el acortamiento de sus astas, le resta presencia ofensiva y peligrosidad.

La capa-pelaje  influye en la conceptuación del trapio por las preferencias de quien juzga. También por el hecho de ser una pinta que aparece esporádicamente, como cárdenas y coloradas, o que imponen al dar falsa imagen de mayor presencia como son berrendas y jaboneras o ser consideradas como la mas características de la raza  como es el caso de negros zainos, mulatos o azabache. Dirán los lectores que esas son esas todas las pintas, bueno esa es la gracia, de la influencia de las preferencias personales. Por cierto asunto valido para muchas materias o cuestiones en la vida.

El sitio, condiciones y ambiente donde se realiza la observación del perfil, peso, proporciones y armonía influye, afecta o interviene en una decisión sobre el trapio del toro; no es lo mismo realizar ese juzgamiento en el campo, corrales o el ruedo de una plaza, e incluso depende de cual plaza.

En este orden de ideas, hay que manejar las informaciones del origen genético del animal o animales para ser más justos al pronunciarse sobre su trapio. Ya que es determinante conocer las características morfológicas del encaste de procedencia. Se  puede colocar como un ejemplo, que el biotipo constitucional de la casta o encaste determina que tenga más o menos caja, donde meter kilogramos, caso  de la Cabrera y Vista Hermosa respectivamente.

Se maneja como cierta la subjetividad del establecimiento del trapio de un toro de lidia. No faltan razones porque en la apreciación e inclinaciones individuales existen naturales divergencias. También vemos en la evaluación estadística que es común práctica considerar el error del observador.

Ahora bien, también hay que incluir en el análisis que como en todos los grupos sociales hay presentes intereses disímiles y visiones distintas en sus integrantes. Asunto este que explica los enfrentamientos entre empresarios, toreros, apoderados, aficionados, periodistas o críticos y médicos veterinarios ante este tema que nos ocupa hoy.

En esto de la objetividad vale comentar que en una sentencia del Tribunal Supremo, ante un juicio que se produjo por la suspensión de una corrida de toros en Barcelona, en la que fueron rechazados todos los toros en el reconocimiento. Se registra un pronunciamiento sobre el trapio que nos da cuenta de objetividad, veámoslo:

“El concepto trapío en contra de lo que sostiene el recurrente, no puede ser considerado un concepto indeterminable. Los informes técnicos aportados por el recurrente contienen, continúa la Sala de instancia, una definición de trapío como “forma ideal del conjunto de caracteres raciales propios y esenciales de la raza de lidia cuando se dan en plenitud, expresión idónea del patrón racial”, informe del señor F. S., o como “resultante del concierto entre la morfología y el “buen aire en el manejo del cuerpo”, informe del señor T. R.; en consecuencia no hay duda de que el trapío, en cuanto característica de un toro de lidia, puede ser apreciado por un técnico veterinario en función de la experiencia y los conocimientos técnicos”.

En trabajo de D. José Manuel Duran Jiménez, presentado en el 2001, en la Real Academia de Ciencias Veterinarias, en España, titulado “El veterinario en el mundo del toro”,  encontramos, entre otras cosas, las siguientes:

“El trapío de un toro es ciertamente algo subjetivo, pero hay una serie de factores objetivos que debemos tener en cuenta a la hora de valorarlo, solamente teniendo presentes todos y cada uno de ellos  llegaremos a un criterio adecuado, al menos para nosotros mismos. Estos factores son, las instalaciones, el fenotipo, el encaste, la plaza en la que se van a lidiar y la afición de la misma.

Para poder apreciar correctamente el trapío de un toro es necesario verlo bien y para ello es indispensable que las instalaciones sean las adecuadas. En primer lugar los corrales deben tener burladeros para   observar al toro a su misma altura. También tendremos que tener la opción de poder verlo desde arriba, porque la vista del público es siempre desde arriba. Hay que valorar la corrida en su conjunto, debe de venir pareja de hechuras, después, ya se reconoce individualmente cada toro.

Es totalmente determinante a la hora de valorar el trapío del toro el conocer claramente las características morfológicas del encaste  que procede. Todo veterinario taurino debe saber distinguir un encaste de otro, pues a la hora de valorar a un toro siempre tendrá que tener en cuenta su herencia genética.

Siempre hay que tener muy presente la plaza en la que nos encontramos. Hay que saber si es de primera, segunda o tercera categoría y también saber que toro es exigido por la afición dentro de cada plaza. Por ejemplo, Madrid, Sevilla, Valencia o Bilbao son plazas de primera, pero el toro que se exige en cada una de ellas es muy diferente. El toro de Logroño no tiene nada que ver con el de Huelva o el de Cáceres, las tres plazas de segunda categoría.

Paralelamente a lo que ocurre con las plazas, las aficiones son diferentes, hay públicos que prácticamente no protestan nada mientras que otros protestan todo. Nosotros como veterinarios tenemos la obligación de dar el producto que el público reclama, ya que es el que mantiene el espectáculo, no obstante debemos mantener nuestra independencia, no dejarnos llevar por las presiones y tener un criterio muy claro”.

Para finalizar es importante colocar la consideración que existe una correlación positiva entre el trapio y la aptitud del toro para la lidia, entiendase que una correlación positiva no quiere decir darse en el  100%  de los casos; y que  por el contrario, es poco usual una buena aptitud para la lidia en uno sin trapio.

Ahora sentémonos en el tendido y observemos la actitud y aptitud del toro para la lidia, y apreciemos su trapio.

Referencias Consultadas:
Barga Bensusán,R. El Afeitado: un fraude a la fiesta brava. EDITORA Nacional. Madrid. 1972.
Domecq y Diez, A. El Toro Bravo. Séptima Edición. Espasa-Calpe. Madrid. 1996.
Duran Jiménez, J. El Veterinario en el mundo del toro. Real Academia de Ciencias Veterinarias. España. Madrid. 2001.
Real Decreto 60-2001.El Prototipo Racial de la Raza Bovina de Lidia. Madrid. 2001.
Reglamento Taurino de Andalucía. Decreto 68/ 2006. Sevilla. 2006.
Vidal, J. Crónica en diario El País. Madrid. 1986.

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