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23 junio 2024

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Guillermo Sureda Molina,escritor y crítico, catedrático de las letras taurinas

Lázaro Echegaray

El 20 de enero de 1926 nacía en Palma de Mallorca Guillermo Sureda Molina, quien pasaría a ser uno de los grandes críticos taurinos de este país. Escribió su primer artículo en 1945 e hizo famoso un programa radiofónico de información taurina en la capital balear. Ya apuntaba maneras el joven Sureda y así entró a formar parte de la nómina del Diario de Mallorca. Lo hizo desde la aparición del rotativo y no sólo se ocupó en él del mundo del toro sino que también realizaba la crítica literaria. Escribió en este periódico hasta que en 1973 se trasladara a Madrid para trabajar en Sábado gráfico. Fue colaborador en diferentes periódicos, tanto nacionales como extranjeros. De él dijo Néstor Lujan, en el encargo recibido por Espasa para redactar el capítulo correspondiente al periodismo taurino en el tomo VII del Cossío, que era un escritor de formación ecléctica. Es decir, que procuraba conciliar las doctrinas de diversos sistemas. En efecto, Sureda combinaba, ya desde el principio, la crónica taurina no sólo con la literatura sino también con la historia, la mitología y con otras disciplinas menos comunes. Ahí quedan esos conceptos del toreo dionisiaco frente al apolíneo o la conjunción de ambos; fue un gran obsesionado de la técnica y la estética del arte de Cúchares. Desde una perspectiva histórica todos sus libros son importantes: el primero empezó a escribir, El toreo contemporáneo, lo inició allá por el 47 y no lo terminó hasta el 54. Siguió por El toreo en 1959, que fue editado un año después, y todos los que analizan las cualidades de los grandes maestros de su tiempo: El Viti, el hombre y el torero, De el Viti a Santiago Martín, Antonio Ordóñez o Paco Camino en blanco y negro. El aspecto técnico del toreo quedaría reflejado en La suerte consumada (1958) o en Tauromagia (1978). Murió después de ver publicada su última obra, quizás la más famosa, que obtuvo el reconocimiento suficiente como para ser inmortalizada en la Colección Austral. Se trataba de Tauromagia, una maravilla de libro en el que se analiza concienzudamente el fondo y las formas del toreo y que vio la luz en 1978. Un año más tarde Sureda moría inesperadamente, casi sin haber superado la cincuentena. Fue de esos escritores que supo comprender que el toreo, como arte, iba mucho más allá del parar templar y mandar. Sureda vio el toreo como un corpus artístico en el que todos los aspectos del conocimiento tenían cabida. Así lo expresa en su Tauromagia cuando dice, en el primer capítulo: ¿Qué extraña cosa es ser torero? ¿Se ha estudiado a fondo el fondo de esta insólita profesión? ¿Es segura la normalidad psicológica de un hombre que decide ser torero, es decir, del hombre que decide hacer de su vida un espectáculo, poniéndola en juego cada tarde –en una plaza- frente a la media luna de las astas? ¿Se ha estudiado esta profesión desde un punto de vista sociológico, puesto que el torero es, en un tanto por ciento muy elevado de veces un ser influido notabilísimamente por eso que solemos llamar “nivel de vida”? En el toreo, aunque a simple vista parezca lo contrario, hay muchas cosas que todavía están por estudiar… Sureda escribió con impecable estilo, desde el conocimiento de la literatura y la mitología, la historia universal y la del toreo, la filosofía y la geometría, la psicología, etc. Escribió también desde el conocimiento de la técnica del toreo, que analizó constantemente. Influido por la negatividad taurina del momento, comprendió que todas esas disciplinas eran imprescindibles para un desarrollo práctico e intelectual de la lidia. Entendió que sólo el dotar al toreo de un cuerpo de conocimiento académico, a todos los niveles, ayudaría a reafirmarlo como elemento cultural y en consecuencia a perpetuarlo. Fue de esos críticos que quiso hacer el toreo cada día más grande. Quizás por eso sea tan gratamente recordado.