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RAFAEL DUYOS :”¡Los ángeles hacen palmas desde los palcos del cielo!”

Hemeroteca de Toros y Toreros18 octubre 2021 @ 21 09 10 101010

Pepe Luis Vázquez.-

www.elcorreoweb.es

Rafael Duyos, médico, poeta, sacerdote valenciano (1906-1983), Rafael Duyos ejerció la cardiología hasta 1942; desde entonces se dedicó a la poesía recorriendo Hispano América como embajador poético. Amigo personal de los mejores toreros de su época, desde Luis Miguel Dominguín a Antonio Bienvenida, Carlos Arruza o la familia de los Gallo.

Durante la guerra civil permaneció en el Hospital Español de Tánger, y mantuvo amistad con todos los poetas sin distinguir ideología: Alberti, Miguel Hernández, Max Aub, Juan Gil Albert, etc. Duyos fue amigo de todos, en una u otra época.

Nunca dejó de escribir poesía. Su poemario es amplio y variado, destacando el tema taurino, amoroso, costumbristas y religiosos. De ellos cabe resaltar “El romance de la Infanta Isabel”, también llamado “La Chata en los toros”. La Chata era la hija mayor de Isabel II y, por tanto, hermana de Alfonso XII, muy querida y popular.

Tras enviudar, Rafael Duyos fue ordenado sacerdote por el cardenal Tarancón, en 1973. Murió en Madrid, el 24 de septiembre de 1983. Está enterrado, según tenía dispuesto, en Utiel (Valencia), junto a su esposa.

De sus versos dijo Sainz de Robles que “aparte la enorme popularidad de Duyos por los romances taurinos, si se insiste en la lectura de sus poemas más alejados de la popularidad jaleadora, se llegará a comprender la trascendencia sugerente que los asiste; son poemas que encandilan el alma y turban el corazón: dos acciones, turbar y encandilar, que son los valores máximos de la poesía desde que el mundo es mundo, en cualquier idioma y en cualquier geografía”.

PEPE LUIS VÁZQUEZ

Él entorna así los ojos

y está un segundo muy quieto,

en una mano el capote,

la otra en el burladero

y la vista en los toriles

donde asoma el toro negro.. .

Él entorna así los ojos

y dice: “iDéjalo, déjalo,

que el toro ya vendrá solo!”

y el toro, que aún está lejos,

escucha esa voz y la

quiere prender en los cuernos.

El sol de la Maestranza

para su carro de fuego

porque la luz se esté quieta

sobre el alamar torero.

Pepe Luis – celeste y plata –

inmóvil, niño, flamenco,

lo está mirando, mirando,

sin perder un movimiento

y el toro lo busca, busca

y él, esperando en el tercio,

le abre el abanico grana

de su capote pequeño.

Todo el calor de la tarde

se deshace en blando céfiro.

Torear así, parece

muy fácil. . . Es como un juego. . .

Pero no. Es lo más difícil,

porque es torear sabiendo… . Tener en el corazón,

el justo presentimiento

de lo que va a hacer el toro

cuando el toro aún está quieto.

Es, adivinar, sentir

la voz del toro por dentro

y saltarse a la garrocha

los taurinos evangelios

sin que tengan que enseñárselos

porque ya nació sabiéndolos.

Él entorna así los ojos

y dice: “iDéjalo, déjalo!”

Y el toro va donde el quiere

y es tan ágil el torero

y tan sabio y tan gracioso

y tan rubio y tan pequeño

y tan hombre y tan barbián

y tan valiente y tan diestro,

que la cuadrilla obedece

sus imperceptibles gestos

-banderilleros de seda

y picadores de hierro y todo parece como

una danza de aire viejo

bajo una batuta de oro

entre palmas y requiebros.. .

La verónica de olor,

el molinete de fuego,

la chicuelina de nardo,

la gaonera de incienso.. .

-Pepe Luis, Pepe Luis Vázquez,

anda, dime tu secreto.. . -Si he “nasío” en San Bernardo.. . Les que no basta con eso?

Él entorna así los ojos

-la espalda en el burladero,

el corazón en las manos,

la mirada en los chiqueros y dice al peón de turno:

” Déjalo, déjalo, déjalo

que el toro ya vendrá solo!. . .”;

y el toro sale corriendo,

olfateando, mirando,

ciego de sol y recelo,

con nostalgia de olivar

caliente y de río fresco.. .

Pepe Luis le llama: “itoro!”

y el toro clava los cuernos

en el aire de la tarde

y se funden sobre el ruedo,

en un milagro de gracia,

capote, toro y torero.. .

;Los ángeles hacen palmas

desde los palcos del cielo!

Es el autor español que más versos ha dedicado a toros y toreros, a la corrida y a su ambiente. La mayoría de sus poemas taurinos están recogidos en sus libros Toros y pan (1932); Los ángeles hacen palmas (1945) y Desde los balcones del cielo (1946).

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