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Rafael Duyos:a Pepe Luis Vázquez

Hemeroteca de Toros y Toreros19 junio 2021 @ 19 07 15 06156

El entorna así los ojos

y está un segundo muy quieto,

en una mano el capote,

la otra en el burladero

y la vista en los toriles

donde asoma el toro negro…

El entorna así los ojos

y dice: “¡Déjalo, déjalo,

que el toro ya vendrá solo!”

y el toro que aún está lejos

escucha esa voz y la

quiere prender en los cuernos.

El sol de la Maestranza

para su carro de fuego

porque la luz se esté quieta

sobre el alamar torero.

Pepe Luis –celeste y plata-

inmóvil, niño, flamenco,

le está mirando, mirando,

sin perder un movimiento,

y el toro lo busca, busca

y él, esperando en el tercio,

le abre el abanico grana

de su capote pequeño.

Todo el calor de la tarde

se deshace en blando céfiro.

Torear así, parece

muy fácil. Es como un juego…

Pero no. Es lo más difícil,

porque es torear sabiendo…

Tener en el corazón

el justo presentimiento

de lo que va a hacer el toro

cuando el toro aún está quieto.

Es adivinar, sentir

la voz del toro por dentro

y saltarse a la garrocha

los taurinos evangelios,

sin que tengan que enseñárselos

porque ya nació sabiéndolos.

El torna así los ojos

y dice: “¡Déjalo, déjalo”…

Y el toro va donde él quiere,

y es tan ágil el torero

y es tan sabio y tan gracioso

y tan rubio y tan pequeño

y tan hombre y tan barbián

y tan valiente y tan diestro,

que la cuadrilla obedece

sus imperceptibles gestos

-banderilleros de seda

y picadores de hierro-

y todo parece como

una danza de aire viejo

bajo una batuta de oro

entre palmas y requiebros…

Las verónicas de olor,

el molinete de fuego,

la chicuelina de nardo,

la gaonera de incienso…

-Pepe Luis, Pepe Luis Vázquez,

anda, dime tu secreto…

-Si he nasío en San Bernardo…

¿es que no basta con eso?

El entorna así los ojos

-la espalda en el burladero,

el corazón en las manos,

la mirada en los chiqueros-

le dice al peón de turno:

“¡Déjalo, déjalo, déjalo

que el toro ya vendrá solo…!”

Y el toro sale corriendo,

olfateando, mirando,

ciego de sol y recelo,

con nostalgia de olivar

caliente y de río fresco…

Pepe Luis le llama: “¡Toro!”,

y el toro clava los cuernos

en el aire de la tarde

y se funden sobre el ruedo,

en un milagro de gracia

capote, toro y torero.

-Los ángeles hacen palmas

desde los palcos del cielo!

Rafael Duyos

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